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Hablar
de Tlacotalpan,
Veracruz, México
es hablar del pasado
que encierran sus calles,
de la historia misma
del país, de
las haciendas "Estanzuela"
y "Juan Zapotal"
, es nombrar a Porfirio
Díaz en sus años
gloriosos o a Guadalupe
Victoria , fundando
una de las primeras
escuelas de la Marina
Mexicana, es reconocer
la labor de Miguel Z.
Cházaro ilustrando
a los tlacotalpeños
y que decir de Jorge
Alacio Pérez,
derramando sangre que
se purificara en nombre
de México, es
recordar a tantos hombres
y mujeres que forjaron
la suerte y el destino
de esta tierra que ha
perdurado a través
de los años como
"Perla del Papaloapan"
y más aún
como Patrimonio Cultural
de la Humanidad.
Es
recordar sus noches,
sus estrellas; quién
no ha suspirado en sus
noches tlacoltalpeñas,
es recordar que la luna
no está tan lejos
como parece, es escuchar
a lo lejos un requinto
meláncolico y
un canto quebrado de
aguardiente, es tener
en la mente el recuerdo
de sus farolitos que
en veces le dan un tono
sepia a sus calles,
como de fotografía.
Es llorar por
lo que se ha ido o por
el no olvido, es seguir
con la eterna serenata
que iniciamos unos amigos
llevándola en
el corazón por
los siglos de los siglos,
¡Qué te
digo, qué te
digo! Papaloapan, tantas
historias que has vivido
y tantos hijos que se
han ido, pero te aseguro
río que no te
tienen en el olvido
y que siempre piensan
en ti ¡ mi Papaloapan
querido !.
Es
ver pasar el
tiempo entre son y tarima,
es encontrar la rima
de la fórmula
de la felicidad, es
caer en cuenta que el
niño que fui
crecerá y de
nuevo viene ya a ocupar
mi lugar en todos los
sentidos.
Es
recoradr al amigo o
al extraño que
llegó y se convirtió
en uno más que
dejo llorando tu caserío,
es sentirte querido
entre tu pueblo sin
dejar de ser tu pueblo.
Hablar de Tlacotalpan
te relaja el alma, deja
ver que dentro de nosotros
existe el niño
que nunca dejo a su
pueblo y siempre rondará
sus calles llenas de
risas y lamentos, de
historias individuales
o colectivas, que cuando
se siente derrotado
busca el inicio de su
vida y encuentra cobija
entre los brazos de
su madre que siempre
estara ahí por
si lo necesita.
Tlacotalpan
es un sueño
o muy posiblemente el
Tlalocan (Paraíso
terrenal); pareciera
que el viento trae los
cantos, el zapateado
y todo lo demás,
que sus casas son pedazos
de arcoiris que regalan
a los ojos un espectáculo
celestial que sus iglesias
encierran misterios
que nunca se sabrán,
y que su ribera dice:
algún día
volverán y volveremos
a empezar.
Hablar
de Tlacotalpan es soñar
y si se está
lejos es valorar todo
lo vivido por querer
estar allá, con
una jarana en la mano
cantándose un
"buscapié"
o comiéndose
un volovan, posiblemente
echando trago en "ca´
tobi", o simplemente
darle un beso a tu madre
, abuela, padre, hermanos
y todos los demás,
después de pasar
la tarde en el sillón
arreglando el mundo
de los demás.
Gracias Dorita,
Chava, Beto, Manolo
por querer a mi pueblo
tanto como yo los quiero
a ustedes y por engañarme
y seguir con la mentira
de que ya no vivo en
Tlaco.
México
D.F. Enero del 2003.
Milton
Muñoz Sandoval
¡Tlacoltalpeños
del mundo uníos!
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